Una película previsible: el retroceso de la clase media

«Hace cinco años, en estas mismas páginas —en la edición por los 30 años de SEMANAeconómica—, escribí sobre el crecimiento de la clase media e hice hincapié en su fragilidad. Era un gran logro que los niveles socioeconómicos B y C, que en su sentido más amplio representan a la clase media peruana, hubieran crecido hasta alcanzar a un tercio de la población en el 2015 (desde el 22.5% del 2005) y sacado a millones de hogares de la pobreza.

Pero era importante ser conscientes de que siete de cada diez de dichos hogares eran vulnerables: es decir, ante cualquier eventualidad económica o de salud podían volver a la pobreza. Pasaron los años, y en el 2019 teníamos una clase media estancada, con un nivel socioeconómico C más débil por su nivel educativo, su tipo de empleo, su nivel de formalidad y su acceso a los servicios básicos de calidad. Caminaba sobre una capa de hielo poco firme, que se quebró con la llegada del Covid-19.

La crisis económica y de salubridad no solo rajó ese hielo: lo rompió. Si solo consideramos las zonas urbanas del país, donde la clase media era más grande y representaba entre el 46% y 47% de la población el año pasado, a medio año del inicio del estado de emergencia, Apoyo Consultoría calcula que estaría en alrededor del 37%. Sí, todo lo que se construyó en años de crecimiento económico se perdió en menos de seis meses.
Una gran masa crítica de hogares ahora tiene menores ingresos y peores condiciones laborales, vive sin seguridad social y redujo casi a cero sus posibilidades de pagarle una mejor educación a sus hijos. Esto indigna, porque tuvimos años de posibilidades de generar políticas públicas que consoliden a la clase media que constituían.
Se vienen tiempos difíciles para todos. Apoyo Consultoría calcula que, al cierre del 2020, se perderían aproximadamente 700 mil empleos formales, y recién en el 2023 el PBI volvería a alcanzar sus niveles precrisis. En ese escenario, la clase media se recuperaría en el 2025, pues la productividad tiende a adelantarse a la generación del empleo.

NUEVOS CAMINOS

Pero de las grandes crisis nacen las grandes oportunidades. Y hay tendencias que han venido para quedarse con nosotros. La primera es el enorme avance que los peruanos han dado en el uso de medios virtuales, de las transacciones bancarias a las compras por Internet o el pago en bodegas. Una encuesta realizada por Ipsos Perú en junio dio cuenta de que la mitad de la población prefería usar algún medio no presencial (Internet, tiendas en línea o redes sociales) para comprar una prenda de vestir. Justamente el menor uso de efectivo, con políticas públicas debidamente implementadas, puede atacar problemas claves del país, como la corrupción, la inseguridad y la informalidad. Con una población más digitalizada, además, se pueden focalizar de manera más eficiente los programas sociales.

Otra tendencia importante —que permanecerá al menos en el mediano plazo— es la necesidad de prevención, no solo en salubridad, sino también en las finanzas personales y el ahorro. Estrategias que logren vincular una mayor conciencia en estos aspectos, junto con una mayor inclusión financiera, pueden convertirse en gatilladores para construir una clase media más sólida.

Pese a todo, casi la mitad de los peruanos seguimos sintiendo esperanza y optimismo por el país (ver tabla). Un tercio también sentimos pena, una cifra que se ha duplicado en julio del 2020 si la comparamos con la del mismo mes del año anterior.

Ad portas del bicentenario de nuestra independencia, ojalá que esta crisis nos haga entrar en razón y trabajemos para construir —desde el sector público, el sector privado, la sociedad civil y la academia— un país que merecemos, con una clase media consolidada y más reacia a caer en la pobreza. Vamos a salir de esta crisis económica, sin duda, pero si no diseñamos políticas públicas adecuadas para acompañar el nuevo crecimiento, la siguiente crisis nos encontrará igual o más vulnerables«.

Patricia Rojas
Patricia Rojas
Es directora de Public Affairs de Ipsos Perú, y tiene más de 10 años de experiencia en el ámbito de la investigación social y de asuntos públicos. Ha dirigido diversos estudios sobre discriminación, vulnerabilidad, educación, entre otros. Es bachiller en Economía por la PUCP donde también cursó la maestría en Ciencia Política y Gobierno. Asimismo, cuenta con un Diploma en Marketing de Centrum Católica y realizó una especialización en Economía del Comportamiento en la Universidad del Pacífico.

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